martes, 18 de septiembre de 2012

Por los Caminos del Monte, novela





Luis se consideraba a sí mismo un ser especial, bendecido por Dios, al que recordaba haber visto en el mismo momento de asomar la cara al mundo, cosa difícil de lograr para cualquier mortal, pero no para él, nacido en noche de luna llena, el primer día del primer mes de año, lo que le daba una protección que muy pocos tenían la suerte de poseer.
Sus hijos y su mujer no lograban entender por qué usaba tantas llaves, si en su casa no había un solo candado. Las puertas y ventanas se cerraban con trancas y aldabas, como en la mayoría de las casas del campo. Pero él no daba explicaciones, todo lo que llevaba encima tenía un propósito que nadie más comprendía. En el pueblo había visto hombres elegantes que llevaban llaveros repletos de llaves. Y si los "pueblitas, que saben de letra" cargan esas cosas, él también lo haría. Así parecería un hombre importante.
Un sonido habitual lo sacó de sus pensamientos:
- Jau, jau, jau, auuuuuuuuuh, jau, jau, auuuuuuuuuh.
Los cinco perros alcanzaron a ver a su amigo "El Decimero", compañero de aventuras, que competía con Luis cuando de decir décimas se trataba. 

(POR LOS CAMINOS DEL MONTE. NOVELA. AUTORA: MARGARITA LUCIANO LÓPEZ. EDITORIAL SANTUARIO). FRAGMENTO.

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